√ Humedad y temperatura: Se trata de un factor importante, principalmente, si vamos a elegir el suelo de madera. Se trata de evitar que ésta se dañe demasiado por la situación ambiental y florezca o aparezcan grietas. Además, los cambios de temperatura afectan notablemente a este material provocando su contracción y expansión.

√ La utilización: A la hora de elegir el suelo, debes plantearte el uso que le vas a dar. Si el tráfico al que va a tener que enfrentarse la superficie es muy grande, quizás lo más adecuado sería apostar por un suelo de piedra o cerámica. La madera es una de las superficies más bellas, pero poco resistente. Por eso, resulta difícil verla en lugares de trabajo.

√ El estado del contrapiso: Para conseguir un buen resultado, es fundamental comprobar el estado del contrapiso antes de la instalación del suelo. Debe estar seco, libre de humedad, estable y nivelado. Algunos suelos como el cerámico o de madera necesitan un contrapiso que no haya sido utilizado antes por otro suelo anterior. La tarima flotante o baldosas se adaptan perfectamente, pese a la existencia previa de otra superficie.

√ Elegir el estilo: Este es quizás uno de los puntos más importantes y, a la vez, más difíciles dada la enorme cantidad de estilos que existe. Elegir el tipo de suelo debe ser una tarea meditada y consciente de los elementos con los que convivirá. Se trata de conseguir la armonía con su entorno. Procura no poner en contraposición dos estilos muy diferentes, ya que los resultados pueden ser desastrosos.

√ El precio y el tiempo: A la hora de elegir el suelo debes plantearte cuánto dinero estás dispuesto a invertir y de cuánto tiempo dispones para su instalación. Existen suelos más baratos que otros y cuyo tiempo para su colocación es mínima. Por ejemplo, un suelo de madera es más costoso que uno vinílico que puedes encontrar en rollos. En la instalación, también la madera llevaría más tiempo. No obstante, ésta última luce mejor una vez terminado el trabajo. Todo depende de lo que quieras y puedas permitirte.